martes, 21 de julio de 2009

Entre fogones




Aún recuerdo lo primero que quise ser de mayor cuando era guaje: cocinero. Vale, luego quise ser artista, ojo, ni cantante ni bailarín: artista. Supongo que uno polivalente y mil veces reinventado como Madonna, Bunbury o Rita Irasema.
Uno de mis entretenimientos favoritos de crío era sacar las potas del armario y caciplar con ellas, golpeándolas y arrastrándolas por toda la casa.

Volviendo al tema, la cocina siempre ha marcado mi vida (estos horribles michelines nunca me los he logrado quitar de encima) y la de mi familia. Y es curioso porque yo nunca he vivido la hostelería de cerca, tan solo recuerdo a mi abuela como cocinera en el Jumillano justo antes de jubilarse, donde tenían una churrera industrial justo al entrar en la cocina. Quizá estas sean de esas cosas que demuestran que tenemos carga genética porque todos los miembros de mi familia cocinan, hombres y mujeres. Y a cada cual mejor. Lo llevamos en la sangre aunque hace muchos años que nuestro patriarcado abandonó el negocio.

Dice Arguiñano que cocinar es el mayor gesto de amor que se puede tener para con otros. Y, francamente, no le falta razón. Es una demostración de cariño, tiempo y dedicación que hace de alimentarse algo más que una función vital de supervivencia, transformándolo en una cultura o pasión.
Este fin de semana, acudí al enlace de dos amigos que conocí en los meses que pasé en Irlanda. Y, en el pincheo que sacaron a las tantas de la mañana, recordamos cómo me coroné cocinillas una noche de fiesta marcándome unos macarrones con su salsa de cebolla y pimientos que supieron a gloria divina.
La cocina exige de reconocimiento público, algo que no solemos hacer en nuestra vida cotidiana, especialmente con nuestras madres a las que poco reconocemos sus esfuerzos por alimentarnos diariamente.

Todo este comentario surge porque encontré esta mañana un enlace a un blog que me ha fascinado y que debo seguir indagando, aunque tengo claro que será un referente en lo sucesivo:

http://cocinaparaimpostores.blogspot.com/

Por lo visto es un blog muy original que propone una cocina de postureo y falsedad. Un puro aparentar. Una sofisticación escondida tras latas de conserva y precocinados.
Más allá de mi total asentimiento con la postura, propone recetas realmente sencillas y rápidas, muy dadas para aquellos que no son capaces de superar la Ensalada de pasta (disparo con bala últimamente) o que comen 3 días seguidos lo mismo, comida y cena.
Y, para colmo, el tío es un cachondo. Hay unos cuantos comentarios que son realmente hilarantes.
Desde que estoy en Madrid cocino poco. Se me quitan las ganas de probar e inventar para comérmelo yo todo. No sé cocinar para mí. Quizá este blog me ayude a reciclar mi espíritu de cheff. Se lo debo a mi familia.

1 comentario:

Laura dijo...

Joder Nacho, qué descrubrimiento de página!!! a partir de ahora voy a rebuscar las latas en tu casa cuando nos invites...