martes, 23 de febrero de 2010

Bienvenida


Qué difícil ponerse hoy a darle a la tecla sin saber exactamente qué decirte. Sin saber exactamente qué contarte hoy que todavía te escondes bajo esa piel que te proteje hasta mañana, momento en el que unos guantes de látex te sacarán del ñeru.
Pensaba estos días que era un horterada escribirte una carta. Y lo es. Pero que se jodan los horteras, no pienso perder mi oportunidad de que esto se pierda para siempre en el abismo de internet.

A mi 28 tacos poco tengo que decirte. Lo primero es que pertenecerás, al menos por la parte que me toca, a una familia propia de una película de Berlanga. ¿No sabes quién es? Lo tienes fácil: solo con ver La Escopeta Nacional te harás una idea. Un cuadru, vamos. Y eso que en el misterioso camino de ida y vuelta de la vida te cruzaste con la matriarca. Una pena que no os conociérais. A ella ni siquiera Berlanga habría podido retratarla.
Por otra parte naces coja de abuelos, pero el que tienes seguro que duplicará sus funciones a las mil maravillas. No lo echarás en falta.
La otra parte de la familia es fantástica, especialmente sensatos y buenas personas. Vivirás entre el Yin y el Yan. Seguro que sacarás algo bueno de esa conjunción.

Vas a subirte a un tren en marcha, del que no se conocen estaciones intermedias. A bordo de sus vagones reirás, llorarás (especialmente los primeros años, jodía) y descubrirás sensaciones indescriptibles en medio de un ambiente extraño, enrrarecido porque hay vagones de primera y de segunda. Y hasta de tercera, en parte porque el sinvergüenza de tu tío no ha movido el culo por intentar que todos puedan viajar en una clase intermedia. Ya me gustaría engañarte y pintarte un trenecito rosa como los te traerán los Reyes pero el sentimiento de culpa, de la responsabilidad y, especialmente el de la injusticia aflorarán tan pronto tu padre tome decisiones que no alcanzas a entender. Lo hace por tu bien aunque a veces se equivoque.

Lo más extraño de todo ye que agora los guajes ya nacéis con fecha y hora. Nun vos dexen aparecer cuando vos parezca a vososotros, cuando vos salga'l refaxu como se fizo tola vida.

Suerte Laura, va facete falta. Mañana vémonos. Bon viaxe.

P.d: nun me quedó nada prestoso pero qué quies, son les doce, tengo sueñu y tuve trabayando tol día pa ahorrar perres pa poder comprate toles muñeques que me pidas, que te veo venir.

P.d.2: mientras escribía todo esto he estado poniendo música. Dedicarte una canción para mañana sería un imposible aparte de un atrevimiento. Escucha RnR y serás feliz. Y por favor, nunca me pidas que te acompañe a hacer cola durante horas a ver al grupito teenager británico de hormonas tan exaltadas como las tuyas. Un poquito de sensatez musical será un antídoto perfecto.

lunes, 22 de febrero de 2010

Grandes misterios de la humanidad: el cubo de fregar


Desde mi paso por Irlanda ya llevo varios años compartiendo piso y siempre se ha repetido una y otra vez un mismo comportamiento que nunca he logrado entender, da igual que fuera un país anglosajón o uno mediterráneo: ¿por qué la gente nunca tira el agua de fregar el suelo una vez ha acabado de hacerlo sino que lo deja macerar dentro del cubo a la espera de que por loor y gloria del Espítiru Santo este vaya solo por el desagüe?
A mis amigos investigadores les propongo el estudio de este fenómeno. Lo digo completamente en serio.

domingo, 21 de febrero de 2010

Vacío


Van y vienen días donde me siento cada vez más en el alambre...

jueves, 18 de febrero de 2010

Vértigo (de entre los muertos)


Mareado, mareado, mareado...


P.d: siempre me había gustado el cartel de esta película, fantástica por otra parte, como tantas otras de Hitchcock

lunes, 15 de febrero de 2010

Soy fans


Vista la foto, creo que el fenómeno fan se nos está yendo de las manos...

jueves, 11 de febrero de 2010

Sugestionado


El pasado martes vi Camino. Lo primero que quiero decir es lo maravilloso que resulta ver ahora una película en una TVE ya sin anuncios. Sabes a qué hora empieza, sabes a qué hora te vas a la cama y lo ves del tirón aunque, eso sí, tiene el inconveniente de que si te estás meando no hay forma de parar la emisión. Después de 50 años de emisión de pelis con publi, nuestras vejigas no están acostumbradas a aguantar tanto.

Respecto a la película propiamente dicha, me quedé impresionado, horrorizado y cabreado. Lo primero al darme cuenta de lo fácilmente sugestionables que somos los humanos, lo fácil que es meternos en la cabeza cualquier historia. Es tolerable si se hace con buenos fines, para sacar lo mejor de nosotros mismos pero es indigno cuando se hace para controlar a los demás en pos de unos fines egoístas.

Lo segundo fue al comprobar lo que son capaces de hacer determinadas personas o entidades para lograr unos fines que ni siquiera soy capaz de entender y especialmente duro fue el comprobar lo dañinas que han resultado las religiones para las sociedades.
A poco que alguien lea algo sobre las religiones se dará cuenta de que lo que menos importa es el trasfondo del que presumen sino las dominantes posiciones que han logrado en la sociedad para su suerte. Todas ellas se basan en dogmas altamente custionables y adoptados por normas sociales anteriores a su imposición entre las gentes. Asumen roles paganos anteriores para entrar sin hacer ruido y dejar su impronta: el por qué la vaca es sagrada en India, por qué el islam no acepta el cerdo, por qué la Nochebuena es el 25 de diciembre o el significado de la cruz o la piña vaticana (referencias sexuales estas últimas) no son explicadas por divinidades ultraterrestres sino por simple interés.

A pesar de haber sido advertido por un amigo de que la película, más allá de la historia o de que estuviera bien hecha, era un auténtico manual de sugestión hacia el espectador, no pude evitarlo. Al principio la historia puede verse con cierta distancia pero el director consigue introducirte irremediablemente en la historia hasta hacerte sentir toda clase de sentimientos odiosos contra el Opus y su puta madre. Y eso me jode. Darme cuenta de lo fácilmente dirigible que puedo ser, especialmente cuando uno aprecia su integridad y coherencia.
Claro que para algo vemos el cine...para ver lo que no queremos ser.

viernes, 5 de febrero de 2010

Walter, el farmacéutico


Ayer había sido una larga y tediosa jornada de trabajo. A pesar de la carga de trabajo me fui del curro a las 19.15 porque ya no daba para más, a la espera de solventar la papeleta a lo largo de la tarde de hoy.
Iba para casa cabizbajo, con la mente completamente en blanco, con sentimiento triste y la cabeza embotijada.
Al pasar por la farmacia que está casi frente a mi casa recordé que tenía que comprar pasta dentífrica y entré a por ella. Una vez dentro se me acercó el farmacéutico y sonrió:

- Buenas tardes, ¿qué desea?

Joder! No me lo podía creer. Tenía una dentadura gigantesca. Creo que nunca había visto una piñata tan desproporcionada y eso que mi jefe se gasta una postiza que le hace buena competencia.
Dios, qué mal momento pasé porque no podía dejar de mirarle la boca. Me quedé paralizado...

-eeeehhhhhmmmmmm, sí ehhhhmmm quería un tubo de Lacer, por favor....- le pedí sin despegar mi mirada de sus paletos. Reconozco que suelo mirar a la boca al hablar pero creo que esta vez se me notó demasiado.

Pagué y me salí. No había cruzado la acera y ya me estaba partiendo el ojete porque inmediatamente se me vino a la mente la imagen de Walter Matthau en la película Daniel el travieso, brillante escena, por cierto, y más genial actor.
Así que os pongo la foto, después de tirarme toda la tarde buscando por internet y aprendiendo (frustadamente) a manejar el paint. (Gracias Diego).

Agradezco al farmacéutico y a Walter y a Lacer que ellos solos fueran capaces de levantar un día gris y hacerme darle hoy a la tecla.
Con qué poco me conformo.