martes, 21 de octubre de 2008

Días de radio


Antes de comenzar quisiera pedir perdón por el retraso de estos días. Aunque buenamente lo intento, mis jornadas laborales y post-laborales (que sigo ocultando públicamente) me dejan pal arrastre al final de la jornada. Y eso repercute proporcionalmente en mi creatividad.

Ayer se cumplió un triste aniversario: Juan Antonio Cebrián nos abandonó justo hace un año. Me parece imposible que el tiempo haya pasado tan rápido, tanto que recuerdo perfectamente aquel día, como si hubiera sido ayer. Lo leí en los periódicos primero, luego en la web de Onda Cero sin salir de mi asombro. Así que aquel domingo no pude hacer otra cosa mas que esperar a que diera la una de la mañana para escuchar a Cebrián como tantas otras noches y confirmar que todo había sido una broma de mal gusto. Lamentablemente aquella noche sonó la voz de Bruno Cardeñosa.

De siempre me gustó la radio. Hay aficiones innatas en el ser humano y yo sólo tengo una: la radio. Quizá sean dos si le sumo al Sporting. No colecciono nada, no fui nunca un dotado para los deportes aunque los practique como buenamente puedo, no soy un gran lector (siempre los dejo todos a medias en cuanto me aburren), la tele me harta, internet me consuela pero sin crear dependencia. Así que lo único que realmente me gustó siempre es la radio. De hecho, durante mi periplo irlandés sin libros, tele, internet y en territorio comanche, lo único que extrañé fue no tener nada que escuchar al irme a la cama.
Mis recuerdos con la radio nacieron casi conmigo: el café recién hecho se juntaba cada mañana con la voz de Antonio Herrero. Curiosa historia esta: otro profesional fallecido antes de tiempo y que recuerdo en mi cabeza con mucho cariño, aun siendo consciente que hoy, seguramente, estaría en las antípodas de mi ideario.
En la radio del coche de mi padre siempre sonaba algo. Primero recuerdo Antena 3 de radio con aquella pegadiza sintonía del "Viva la gente". Luego era la Cope y Encarna durante las tardes.
Y, desde mi cama, todas las noches escuchaba la voz de José María García, el gran inventor de la radio deportiva tal y como la conocemos hoy día. También era la banda sonora del fin de semana con los partidos de futbol y las retransmisiones de Gaspar Rosety.
Recuerdo también los comienzos de Gomaespuma, por lo que me contaba mi hermano, pero que no escuchaba porque era a horas intempestivas.
Y llega ese día en el que tú mismo te haces con una radio y comienzas a buscar tus sonidos. El día en el que empiezas a sentirte un poco "paisanín". José Antonio Abellán era la banda sonora de aquellas mañanas de "La Jungla" en las que sonaban aquella canción del "Ukashaka" o "No va más" de Revolver. Y, faltaba más, García por las noches o sus secuaces del fin de semana que no eran otros que Ucelay, Castellote (cuánto tardé en aprender a diferenciarles la voz!) Rosety o Alfredo Martínez.
Más tarde, según uno va madurando y ajustando los horarios a los años, fueron llegando las mañanas de Iñaki, las tardes de Sardá con su inolvidable Señor Casamajor, y de la Morena, a donde arribé merced al sopor en que degeneró García.

Recuerdo entonces que las mañanas dominicales de no hace demasiados años, de la que íbamos a la casa de la aldea, escuchábamos un programa llamado "La rosa de los vientos" donde había una sección de animales que me gustaba mucho. Yo no lo sabía, pero en aquel año había nacido uno de los mejores programas de la historia de la radiodifusión española.
Años más tarde, sin saber porqué y ya en horarios nocturnos, me volví a encontrar con ese programa y con su locutor: Cebrián.
Una enorme joya de programa que me quitó horas de sueño durante muchos años, siéndo incapaz de cerrar los ojos. Luego llegaron los cambios de hora, de día, su desaparición durante un año (quién pollas sería el mamonazo que lo hizo), su regreso triunfal y, ya hoy, la continuidad alejada de quien fue su inventor, director y voz.
Cuán fácil es acomodarse a una voz, a una rutina, a un programa. La radio comparte horas de tu vida, de tu infancia, juventud, de tus noches en vela o veladas, de mis tardes paseando a mi perro o los goles de mi equipo. Sonidos que conforman la banda sonora de tu vida.

Larga vida a la rosa. Larga vida a la radio. Larga radio a la vida.

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